jueves, 25 de noviembre de 2010

Luz de Flor / Gardenia

Gardenia
   La necesidad de saciar esta sensación entre los pantalones es insoportable, más aun si necesitas controlarte. El daño que se le pude hacer a la gente con este tipo de armas es único… 
Uso pañales, estos son cambiados durante el día, alrededor de cinco o seis veces. Intentar llevar una vida normal no es la opción correcta; tener amigos, ir al gimnasio, tocar en una banda, ser cocinero cualquiera de los trabajos aburridos que hace alguno de tus padres. Mucho menos tener una relación con una persona, aunque sea del mismo sexo o no. 
Volviendo con los pañales; son únicos, una enfermera me los cambia cada vez que lo necesito. Se sienta, sin decirme palabra alguna, enfrente de la cama, abre el pañal y remueve todo el pus acumulado durante la cuarta parte del día, me limpia igual que a un bebe y me coloca uno nuevo. Entre los momentos en que tenemos esa clase de conexión la única vez que la he visto reír, es cuando después de tirar el pañal a la basura se limpia las manos y ve al calendario. Supongo que lo último que esperaba de niña era limpiarle el pene a un joven desconocido, y que en raras y seguidas ocasiones creaba protuberancias en esa piel, granos que tenían que ser reventados, y que solo después de la práctica constante era posible esquivar el chorro blanco que siempre iba hacia su cara. Cualquiera admiraría a esta mujer, tan abnegada y humana. 
El ser humano se obliga a mantener su tiempo en alguna actividad. En mi caso tengo plantas; orquídeas, jacarandas, cuna de moisés, alcatraces, margaritas, noche buenas, rosas, enredaderas, helechos, girasoles, perritos, chiles, cactáceas, sábila, y muchas más, las cuales durante las 24 horas cuido, observo y experimento; cultivos hidropónicos y a veces la producción de flores; que es en lo general una actividad de tiempo completo… he aprehendido a producir un sin número de plantas mediante una sola. 
El patio y la azotea de mi casa tienen un extraño olor; entre tierra húmeda y flores en la que predomina el olor a gardenia, realmente es un gran aroma, mas si en ocasiones lo llenas con sangre instantes antes de que se coagule, aunque por lo general eso no pasa a menos que conozcas a Ariadna, chica de ojos grises, un año más grande, misma escuela, tez blanca, cabello negro, un poco ondulado, cuerpo bien proporcionado, cualquier cosa que le pusieras se le vería bien; tenía un abdomen plano, unos senos espectaculares, no se diga de sus nalgas levantadas, piernas enormes y gruesas, y aunque tenía como de salchicha, su caminar era siempre el mismo, coqueto. Tenía una forma en que se acercaba a ti, que parecía que te besaría en cualquier momento. Pero que no había visto desde la secundaria. El día que salí a comprar un dulce, ahí estaba ella besando su novio, no la reconocí hasta después de despedirse de él. Me dijo, con esa voz hostigosa de niña mimada: ¡¿Pablo?! Me detuve y vi sus senos antes que su cara; el pañal disimulaba mi erección… su casa quedaba cerca de la mía. 
Aquí estoy… al abrir la puerta de mi casa logro ver un tabique debajo de la gardenia. Antes de despedirme me invita a una fiesta. Ella termina de mover la boca, y me da un beso en la mejilla. 
En eso, todo se calla.
Por puro y vil instinto… la arrastro dentro de mi casa con el antebrazo. Tomo el ladrillo y la estoy golpeando en la cabeza. La gente de afuera se acerca, los gritos de Ariadna poco a poco se callan. Al ver que esta desmayada cierro con fuerza, mientras veo el aumento de la velocidad de la gente; que va hacia mi casa para ayudarla. No lo logran, y al voltear tengo la vista perfecta de ella con su uniforme de la escuela ensangrentado y las piernas abiertas.


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